Pontifical Council for the Pastoral
Care of Migrants and Itinerant People

     

2015 Mensaje de Navidad 

 

Querida Gente de Mar,

Este año, la Navidad coincide con el Jubileo Extraordinario de la Misericordia, “tiempo propicio para la Iglesia, para que haga más fuerte y eficaz el testimonio de los creyentes”. Las palabras del Papa Francisco en la Bula de Convocación Misericordiae Vultus del Año Jubilar nos pueden ayudar a entender y a vivir con mayor profundidad el significado de la celebración de la Navidad, en un momento en el que todavía están muy presentes en nuestras mentes las dramáticas imágenes de los ataques terroristas perpetrados en diferentes naciones, y muchos de nosotros vivimos con el temor de que algo pueda suceder nuevamente.

El mensaje que el Ángel dirigió a los pastores en la noche oscura se repite para todos nosotros en la oscuridad de nuestro tiempo y de nuestras incertidumbres: “No temáis, pues os anuncio una gran alegría, que lo será para todo el pueblo: os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un salvador, que es el Cristo Señor” (Lucas 2, 10-11).

La Navidad es el día en el que nació el Salvador y sigue naciendo en nuestros corazones, solo si se lo permitimos. Su nombre es Emmanuel, Dios con nosotros. ¡Esto es lo que celebramos en Navidad!

Jesús, nuestro Salvador, nos trae un renovado sentido de esperanza, sobre todo en este extraordinario Año jubilar de la Misericordia en el que “el perdón es una fuerza que resucita a una vida nueva e infunde el valor para mirar el futuro con esperanza[1].

Jesús, el Hijo amoroso del Padre, trae la tranquilidad y la seguridad a nuestros corazones llenos de problemas y de miedos porque “la misericordia de Dios es su responsabilidad por nosotros. Él se siente responsable, es decir, desea nuestro bien y quiere vernos felices, colmados de alegría y serenos[2].

Jesús, el Príncipe de la Paz trae una sensación de paz que nos embarga a todos, que nos permite vivir en solidaridad con personas de diferentes nacionalidades, razas y credos, invitándonos a acercarlos “(…) a nosotros para que sientan el calor de nuestra presencia, de nuestra amistad y de la fraternidad[3].

Jesús, el Mesías y Señor, nos da fuerza para superar nuestras luchas diarias para construir un mundo sin divisiones y barreras entre las personas y las naciones, y debemos comprometernos de manera que “... los años por venir estén impregnados de misericordia para poder ir al encuentro de cada persona llevando la bondad y la ternura de Dios[4].

Jesús, mediante su vida ejemplar, nos enseña a preocuparnos por los demás más que por nosotros mismos. Por lo tanto, siguiendo la invitación del Papa Francisco a partir de esta Navidad: ”Redescubramos las obras de misericordia corporales: dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, vestir al desnudo, acoger al forastero, asistir a los enfermos, visitar a los presos, enterrar a los muertos. Y no olvidemos las obras de misericordia espirituales: dar consejo al que lo necesita, enseñar al que no sabe, corregir al que yerra, consolar al triste, perdonar las ofensas, soportar con paciencia las personas molestas, rogar a Dios por los vivos y por los difuntos[5].

Sé que muchos de vosotros durante el período navideño permaneceréis separados y lejos de vuestras familias y seres queridos, puesto que estaréis embarcados o en un puerto extranjero. Me gustaría recordaros que nunca estáis lejos del amor de Dios y de la protección maternal de María, Estrella del mar.

¡Que podáis todos vivir una Navidad llena de bendiciones!

 

                                                                       Con mis mejores deseos,

 

 

 

Antonio Maria Card. Vegliò

Presidente 

X Joseph Kalathiparambil

Secretario

 

           

 



[1] Papa Francisco, Misericordiae Vultus, Bula de Indicción del Extraordinario Jubileo de la Misericordia N° 10.

[2] Ídem, N° 9

[3] Ídem, N° 15

[4] Idem, N° 5

[5] Idem, N° 15