Pontifical Council for the Pastoral
Care of Migrants and Itinerant People

 

Mensaje para la Jornada Mundial de la Pesca

(21 de noviembre de 2015)

 

La Jornada Mundial de la Pesca se estableció en 1998 y cada año se celebra el 21 de noviembre para llamar la atención sobre la sobrepesca, la destrucción del hábitat marino y otras graves amenazas para la sostenibilidad de nuestros recursos marinos. En su Carta Encíclica Laudato Sì sobre el cuidado de la casa común, el Papa Francisco nos recuerda lo importante que es salvaguardar aquello que es fuente de alimento para gran parte de la humanidad y de oportunidades de empleo para más de 50 millones de personas en todo el mundo: “Los océanos no sólo contienen la mayor parte del agua del planeta, sino también la mayor parte de la vasta variedad de seres vivientes, muchos de ellos todavía desconocidos para nosotros y amenazados por diversas causas. Por otra parte, la vida en los ríos, lagos, mares y océanos, que alimenta a gran parte de la población mundial, se ve afectada por el descontrol en la extracción de los recursos pesqueros, que provoca disminuciones drásticas de algunas especies. Todavía siguen desarrollándose formas selectivas de pesca que desperdician gran parte de las especies recogidas. Están especialmente amenazados organismos marinos que no tenemos en cuenta, como ciertas formas de plancton que constituyen un componente muy importante en la cadena alimentaria marina, y de las cuales dependen, en definitiva, especies que utilizamos para alimentarnos (n° 40)”.

Nos sigue preocupando y seguimos trabajando para la preservación del ecosistema marino, aun reconociendo la importancia del Código de Conducta para la Pesca Responsable adoptado hace veinte años por la Conferencia de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). Dicho Código de Conducta, una vez aplicado, hará posible una contribución económica, social y medioambiental mayor y más sostenible del sector pesquero.

Sin embargo, en esta Jornada tan especial queremos centrar nuestra atención en los pescadores y en sus familias, que cada día, con enormes sacrificios, trabajan para satisfacer el insaciable apetito de nuestro mundo por el pescado.

 

Todos somos conscientes de que la pesca es una de las industrias más complejas y más vastas del mundo, como también una de las profesiones más difíciles y más peligrosas.

En los últimos meses, debido a una serie de trágicos eventos registrados sobre todo en el sudeste asiático, diferentes medios de comunicación han informado sobre cuestiones como la trata, el trabajo forzoso, la explotación y los abusos cometidos contra los pescadores, pero lamentablemente esto no ha conseguido atraer la atención y el interés de las personas en general.

La contratación ilegal y el contrabando/la trata de seres humanos con el propósito de emplearlos en el trabajo forzado a bordo de buques pesqueros, son prácticas que todavía se siguen utilizando con mucha frecuencia para engañar a personas pobres y sin instrucción que provienen de las zonas rurales de los países en vías de desarrollo.

Contratos de trabajo falsos e ilegales o simples pedazos de papel, sin ningún valor jurídico, establecen las condiciones de trabajo y el ridículo salario que los pescadores percibirán a cambio de largas horas de trabajo, legitimando así su condición de esclavos.

Los accidentes laborales, las lesiones permanentes sin ningún tipo de compensación, la muerte súbita o la desaparición en el mar son las pesadillas a las que se enfrentan muchos jóvenes y muchas familias mientras intentan mejorar su miserable vida con un trabajo a bordo de un buque pesquero.

Esta dramática situación, en la que están atrapados miles de pescadores, obedece a la lógica del lucro que guía a muchos propietarios y empresas del sector pesquero, cuyo único objetivo es obtener mayores ganancias en la venta de sus productos pesqueros.

Conscientes de esta realidad, ante la que no podemos permanecer indiferentes y empleando las palabras del Papa Francisco, nos gustaría denunciar que el trabajo en el sector pesquero es a menudo: “(...) una tragedia de la explotación y de las condiciones inhumanas de vida. ¡Esto no es un trabajo digno! La vida de cada comunidad exige que se combatan hasta el final el cáncer de la corrupción, el cáncer de la explotación humana y el veneno de la ilegalidad dentro de nosotros y con los demás. Vamos, no se cansen de luchar por la verdad y la justicia” (Catedral de Prato, 10 de noviembre de 2015).

 

Con el fin de restaurar la dignidad en el trabajo pesquero, es necesario que todas las diferentes fuerzas sociales se unan, cada una asumiendo sus propias responsabilidades.

 

 

Que María Stella Maris siga siendo la fuente de fuerza y ​​protección para todos los pescadores y sus familias.

 

 

Antonio Maria Card. Vegliò

Presidente

 

                                                                             X Joseph Kalathiparambil

                                                                                       Secretario