Pontifical Council for the Pastoral
Care of Migrants and Itinerant People

 Mensaje para la Jornada Mundial de la Pesca 

(21 de noviembre de 2013)

 

El 21 de noviembre de cada año las comunidades pesqueras de todo el mundo celebran el Día Mundial de la Pesca, para recordar la situación de precariedad en la que viven muchas de estas comunidades, así como también la importancia de preservar los recursos que ofrece el mar. 

En años recientes, el sistema pesquero se ha desarrollado según la lógica del principio de márgenes comerciales: llenar al máximo las redes en el menor tiempo posible y, a menudo, con poca consideración hacia las poblaciones de peces y el tiempo necesario para que puedan volver a regenerarse. El principio de márgenes comerciales que afecta a todo el sector pesquero, tanto el industrial como el artesanal, ciertamente lleva a los pescadores a trabajar en condiciones climáticas adversas y durante largas horas, con un exceso de fatiga que a menudo causa accidentes e incluso, a veces, accidentes mortales. En general, pero más aún en los casos de accidentes laborales, la protección social del pescador y de su familia es mínima, por no decir inexistente. 

En la pesca industrial, los contratos son insuficientes o irregulares, el salario no es el adecuado y a bordo no existen los requisitos mínimos de seguridad, mientras que en la pesca artesanal, la contaminación costera y la destrucción del hábitat de reproducción a lo largo de las costas, obligan a los pescadores a empujarse mar adentro con embarcaciones inadecuadas, poniendo en peligro sus vidas. 

Las relaciones familiares de los que se dedican a la pesca están sometidas a una presión considerable por las estancias prolongadas en el mar y su presencia brevísima en familia. La esposa del pescador se enfrenta con coraje a las dificultades generadas por la ausencia del marido, asumiendo un doble papel, el de padre y el de madre, con graves consecuencias para el proceso evolutivo y la educación de los hijos. 

El ritmo de trabajo y la vida dura, tal vez asociadas a la falta de educación, convierten a los pescadores en hombres “sin voz” en la sociedad, impotentes a la hora de hacer valer sus derechos, marginados y aislados. 

Por último, la globalización de la pesca y la escasez de mano de obra han creado un fenómeno nuevo y preocupante que no debemos subestimar. Nos referimos a la explotación de los trabajadores migrantes que, debido a la pobreza y a la miseria, se pueden convertir fácilmente en presa de las agencias de contratación que les obligan a formas de trabajo forzoso, convirtiéndose a veces en víctimas de la trata de personas a bordo de pesqueros. 

Retomando las palabras dirigidas por el Papa Benedicto XVI a los participantes en el XXIII Congreso Mundial celebrado en la Ciudad del Vaticano en noviembre de 2012: “A vosotros pescadores, que buscáis condiciones de trabajo dignas y seguras, salvaguardando el valor de la familia, la protección del ambiente y la defensa de la dignidad de toda persona, desearía garantizaros la cercanía de la Iglesia“, el Apostolado del Mar quiere ser, una vez más, la voz de los sin voz y denunciar los problemas y las situaciones difíciles de trabajo y de vida de los pescadores y de sus familias. 

Renovamos nuestro llamamiento a todos los gobiernos interesados para que ratifiquen lo antes posible el “Convenio sobre el trabajo en la pesca 2007” (N. 188) para garantizar a los trabajadores en el sector pesquero la seguridad en el lugar de trabajo, una atención médica continua, suficientes horas de descanso, la salvaguarda de un contrato de trabajo y la misma protección social que ampara a los trabajadores en tierra. 

Haciendo nuestras las palabras pronunciadas por el Papa Francisco, rezamos juntos a María “Estrella del Mar“ para que sostenga a los capellanes y a los voluntarios del Apostolado del Mar en su servicio pastoral a la gente de mar y proteja a los pescadores y a sus familias de todo peligro: “Madre de Dios y Madre Nuestra, dirige, sobre todo, tu mirada dulcísima a aquellos que cada día enfrentan el peligro del mar, para garantizar a sus propias familias el sustento necesario para la vida, para tutelar el respeto a lo creado y para servir a la paz entre los pueblos“. (Lampedusa, 8 de julio de 2013) 

 

 

Antonio Maria Card. Vegliò

Presidente

 

X Joseph Kalathiparambil

Secretario