Pontifical Council for the Pastoral
Care of Migrants and Itinerant People

Mensaje para la Jornada Mundial de la Pesca

(21 de noviembre de 2011)

 

 

            Cada año, el 21 de noviembre, las comunidades pesqueras celebran en todo el mundo la Jornada Mundial de la Pesca, para mostrar la situación de precariedad en la que viven muchos de ellos, y la importancia de conservar los recursos pesqueros mundiales.

            La pesca es una fuente de ingresos y de subsistencia para millones de personas en todo el mundo, sin embargo, es extremadamente difícil disponer de datos precisos sobre el número de personas comprometidas en dicho sector. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), se calcula que aproximadamente 15 millones de pescadores trabajan a bordo de barcos con cubierta y sin cubierta dedicándose a la pesca de captura marina. Si se incluyen también a los pescadores que trabajan media jornada, así como los que trabajan en las pesquerías de agua dulce y en la acuicultura, el número asciende a 36 millón.

            La inmensa mayoría de los pescadores que trabajan en la pesca de pequeña escala y en la artesanal, se encuentran en las zonas costeras de países en vías de desarrollo, en condiciones de gran pobreza, y emplean métodos de pesca anticuados, trabajando en condiciones de extrema inseguridad.

            Los pescadores empleados a bordo de Flotas de Aguas Lejanas (DWV) se ven obligados a vivir a bordo de sus embarcaciones durante largos períodos de tiempo, trabajando muchas horas al día bajo todo tipo de condiciones meteorológicas, a veces sin ninguna protección, y perciben un salario muy reducido.

            Los pescadores en los países en vías de desarrollo se enfrentan a la falta de personas interesadas a su trabajo, al incremento del precio del carburante y a políticas que limitan el período de captura y establecen restricciones con respecto a las cuotas pesqueras nacionales.

            Para todos ellos, el día a día es una lucha contra las fuerzas de la naturaleza que devastan sus embarcaciones y redes, algunas de las cuales de forma muy dramática, como el tsunami en Asia, en 2004, y más recientemente, en Japón. Ellos tienen que enfrentarse al cambio climático y a los desastres ecológicos/medioambientales que, junto con la sobrepesca, destruyen sus recursos de sustento y, por último, al sistema económico que explota su duro trabajo. Estos hechos convierten a la pesca en una de las profesiones más peligrosas y arriesgadas del mundo.

            El Apostolado del Mar (A.M.), con su red de Centros en todo el mundo, ha sido durante mucho tiempo un “puerto seguro” para muchos pescadores. Capellanes y voluntarios han prestado diferentes tipos de servicios y asistencia al fin de responder a sus necesidades espirituales y materiales.

            En esta Jornada Mundial de la Pesca deseamos unir nuestra voz a la de los pescadores, para invitar a las Organizaciones Internacionales y a los Gobiernos a desarrollar normas que garanticen un trabajo decente y productivo para los pescadores, ingresos y seguridad alimentaria, y para conseguir la ratificación del Convenio sobre el trabajo en la pesca, 2007 (N. 188), al fin de garantizar un entorno laboral seguro y disposiciones en materia de bienestar social.

            Que María Stella Maris continúe siendo la fuente de fortaleza y de protección de todos los pescadores y de sus familias.

 

 

XAntonio Maria Vegliò

Presidente

 

XJoseph Kalathiparambil

Secretario