Pontifical Council for the Pastoral
Care of Migrants and Itinerant People

Declaración sobre la piratería y los marineros: un drama humano

 

     Las recientes noticias aparecidas en estos días en los medios de comunicación, referidas al drama de los marineros secuestrados por piratas, han puesto de manifiesto una vez más la trágica realidad de la piratería.

    Ya en el encuentro de los Coordinadores Regionales del Apostolado del Mar, organizado por este Pontificio Consejo el pasado febrero, se evidenciaba como la piratería había alcanzado su máximo histórico en el 2010 con 445 ataques, 53 barcos secuestrados y 1.181 marineros capturados. A día de hoy este fenómeno no parece disminuir, considerando que hasta el momento se han denunciado 214 nuevos episodios, con 26 barcos y 522 marineros todavía secuestrados por los piratas (IMB Piracy Reporting Centre).

     Aunque gran parte de los ataques se registran a lo largo de las costas de Somalia, la piratería aparece como un desafío mundial que exige una respuesta global, porque las perspectivas de dinero fácil e inmediato han atraído también a las organizaciones criminales internacionales.

     El mundo marítimo ha reaccionado adoptando medidas diversas dirigidas a tutelar las naves y sus cargas. Por desgracia se presta poca atención a los marineros y, especialmente, a sus familias durante y, sobre todo, después del secuestro, dejando a la sociedad armadora la responsabilidad de hacerse cargo de la asistencia a las personas involucradas, dependiendo de los casos y de sus nacionalidades.

     El Pontificio Consejo para la Pastoral de los Emigrantes e Itinerantes, en el ejercicio de la alta dirección del Apostolado del Mar, que “promueve la atención pastoral específica dirigida a la gente del mar”, manifiesta su preocupación y dirige un llamamiento apremiante: 

     A los Gobiernos y a las organizaciones internacionales, para que activen rápidamente los canales apropiados para devolver sanos y salvos a sus hogares a los marineros secuestrados y encuentren soluciones a este problema, considerando que es necesario actuar sobre las profundas raíces del fenómeno, como la desigualdad en la distribución de bienes entre los países y la explotación de los recursos naturales.

     A los armadores, para que adopten medidas preventivas que garanticen la seguridad no sólo de los barcos y de sus cargas, sino también de los marineros. En el caso trágico de un secuestro, tengan una actitud de apertura y apoyo a las familias de los secuestrados y garanticen su asistencia inmediata, con el fin de reducir los efectos traumáticos a largo plazo.

     A todos los marineros secuestrados, para que no pierdan la esperanza de reunirse pronto con sus seres queridos y permanezcan fuertes en su fe. A ellos el Apostolado del Mar desea hacerles llegar toda su solidaridad.

     A los familiares de los marineros secuestrados, para que no duden en dirigirse a los Centros Stella Maris buscando consuelo y asistencia. En esas dramáticas situaciones, las Stellae Maris más que nunca pueden ser para ellos un puerto seguro y un faro de esperanza. Sepan los marineros que los capellanes y los voluntarios del Apostolado del Mar están a su lado para afrontar los largos meses de incertidumbre y de miedo.

     A las comunidades cristianas, para que oren a María, Stella del Mare, a fin de que proteja a la gente del mar de todo posible peligro y sostenga a quienes, por causa de la piratería, están atravesando un momento oscuro y difícil de sus vidas.

     A los piratas, para que pongan fin a tales acciones criminales, tomen conciencia del gran drama que provocan a los marineros (y a sus familias), y los traten con respeto y humanidad. 

     El Apostolado del Mar manifiesta, finalmente, su disponibilidad a cooperar y colaborar con gobiernos, organizaciones internacionales, compañías armadoras y sindicatos, con el fin de aliviar los sufrimientos de los marineros secuestrados y ofrecer apoyo espiritual y psicológico a sus familias.

 

Ciudad del Vaticano, 26 de mayo de 2011